La icónica frase que abre el himno de 1992, “Haz que el mundo sea un lugar mejor”, pertenece a una niña llamada Ashley Farrell. Su dulce y honesta reflexión la convirtió en la elegida entre más de 100 niños para dar inicio a una de las canciones más universales de Michael Jackson.
Ashley no solo dejó su huella en el disco Dangerous: también acompañó al Rey del Pop en el histórico Super Bowl de 1993, donde subió al escenario junto a otros jóvenes mientras sonaba Heal the World.
Pero su historia tomó un giro inesperado. Una década más tarde, Ashley se convirtió en viuda de guerra cuando su esposo, el soldado Evan Ashcraft, murió en acción en Irak, formando parte de la unidad que dio con uno de los hijos de Saddam Hussein.
El ingeniero de sonido de Michael, Matt Forger, recuerda cómo fue el proceso de selección:
“Michael me dijo: ‘Necesitamos que los niños hablen del mundo y del medio ambiente, y debe sonar honesto’. Grabé más de 125 voces, hasta que escuché a Ashley y supe que era la indicada. Cuando se la mostré a Michael, dijo: ‘¡Guau, es perfecto!’”
Michael
Aunque su nombre no apareció en los créditos iniciales del álbum, el error fue corregido en reimpresiones posteriores. Y como gesto especial, Ashley recibió un reconocimiento único: estar junto a Michael en el escenario del Super Bowl, viviendo un momento que marcaría para siempre su vida.
La paradoja de su destino resulta conmovedora: aquella niña que pidió hacer del mundo un lugar mejor, perdió a su marido mientras intentaba cumplir con ese mismo ideal en el campo de batalla.