"One More Chance"
Las luces de Las Vegas brillaban más de lo normal aquella noche de octubre de 2003.
Michael Jackson había llegado a la ciudad del pecado, no para apostar, sino para planear su gran regreso tras un tiempo alejado de los escenarios. Entre reuniones estratégicas y conversaciones privadas, había un motivo que palpitaba con más fuerza: grabar un nuevo videoclip que acompañaría a la inminente salida de Number Ones, su recopilación de éxitos que vería la luz el 18 de noviembre. Como regalo para sus fans y cumpliendo con sus compromisos con Sony, Michael sumaría una canción inédita: One More Chance. Y sí… pensaba promocionarla con un video.
La dirección recaería en Nick Brandt, viejo aliado del Rey del Pop en obras maestras como Stranger in Moscow, Childhood y Earth Song. Esta vez, el concepto sería simple pero sorprendente: en un salón de espectáculos, el público estaría sobre el escenario y Michael, en la zona donde normalmente se sientan los espectadores, les cantaría suplicando “una oportunidad más”. Saltaría de mesa en mesa, bailando y rogando con el corazón abierto.
El set elegido fue el estudio CMX Productions de Las Vegas. La idea era dar al video una sensación de actuación en vivo: sin cortes de escena, con la cámara persiguiéndolo por todo el club. Cinco lentes lo seguirían de cerca, mientras la coreografía y los saltos sobre las mesas se ensayaban en apenas unas horas. Todo esto, con un presupuesto tan ajustado que hizo que Michael —aunque siempre cooperativo— manifestara cierto disgusto.
Lunes 17 de noviembre de 2003. Más de cien extras se agolpaban en la entrada del estudio sin saber qué iban a grabar. Al llegar, les hicieron firmar papeles… y allí lo supieron: participarían en un videoclip de Michael Jackson. El rumor creció cuando les dijeron que él no estaría presente, y que un doble de cuerpo haría las pruebas de cámara. Pero de pronto, sin previo aviso, apareció.
“Fue como si la electricidad llenara el aire”, recordó un extra. Michael caminó entre mesas y sillas, cantó, saltó, bailó… y las reacciones que querían para la cámara se volvieron 100% reales. Los rostros, iluminados por focos intensos, no podían ocultar la sorpresa y la alegría. Incluso, entre toma y toma, él se preocupaba por la incomodidad del público: “Espero que no estén demasiado apretados ahí atrás”, decía con una sonrisa.
Ese primer día solo se grabaron tomas desde su espalda. El plan era que, al día siguiente, se hicieran los primeros planos. Pero ese día nunca llegó. La mañana siguiente, el mundo entero se sacudió con la noticia: Neverland Ranch había sido allanado y Michael Jackson voló de inmediato para entregarse a las autoridades. Más tarde, el juicio demostraría su inocencia… pero el videoclip de One More Chance quedó incompleto, convertido en un testimonio congelado de un momento que pudo haber sido y nunca fue.
Se llegó a especular con una versión épica del videoclip grabada en el Estadio Maracaná de Río de Janeiro, frente a 100.000 personas. Sin embargo, los conflictos legales y la implacable presión mediática frustraron ese sueño, dejando a los fans con la incógnita de lo que pudo haber sido. Finalmente, en 2010, One More Chance vio la luz en la edición especial Visions.























datos:
El Rey del Pop en acción
Michael se desplazaba por el set con sus icónicos movimientos, dejando a todos sin poder creer lo que veían. Aunque los extras debían fingir sorpresa y emoción, en realidad estaban maravillados, conscientes de que estaban presenciando al artista más grandioso de todos los tiempos, bailando solo para ellos y en plena forma. Entre tomas, Michael intercambiaba palabras con el equipo.
En el escenario, era el indiscutible Rey del Pop, pero fuera de cámaras volvía a ser una persona sencilla. Preguntaba tímidamente si les gustaba la coreografía e incluso hacía bromas, aunque su timidez lo alejaba de miradas directas; por eso, le indicaron a los extras que no lo miraran a los ojos.
Después de grabar varias escenas, Michael se despidió de todos y salió del estudio. Se planeaba que regresara otro día para grabar primeros planos y tomas frontales, empezando con las escenas con público para economizar.
El cierre del video tenía un mensaje claro: darle la espalda a la audiencia y al escenario simbolizaba su deseo de alejarse de la música y comenzar una nueva etapa profesional, enfocándose en el cine. Este también sería su último video para Sony Music, marcando el fin de una era y el inicio de un nuevo camino.
